
Enemiga silenciosa
Cuando la vida carece de sentido o se siente un gran vacío interior, la persona tiene problemas de sueño (duerme mucho o no puede dormir), pierde o aumenta su apetito, no desea salir de su casa, evita las relaciones sociales, no tiene interés por nada o casi nada, posee una incapacidad para el placer, descuida su aseo o cuidado personal, se siente "lenta" o, en el peor de los casos, tiene ideas de muerte estamos hablando de un cuadro de depresión. La depresión es una de las patologías más comunes en la actualidad y una de las más enmascaradas.
Muchas personas que padecen esta enfermedad son tildados de "tristes”, "apáticos", “que desean llamar la atención", o bien, son alentados por su entorno a que "pongan voluntad para hacer cosas". Sin embargo, esta forma de considerarlos y de tratarse a sí mismos es contraproducente, ya que no permite que la persona reciba ayuda. Lo grave es que muchas de estas personas dan un próximo paso que es la autodestrucción, ya sea por suicidio o mediante formas de vida insanas.
La depresión es definida por la persona que la padece como que lleva "una existencia sin sentido", y no tiene calidad de vida. Estas personas además valoran sus pensamientos, futuro o ideas de sí mismos como negativas.
Existen varios tipos de depresión (que analizaremos en otro artículo), y si bien comparten muchos síntomas, varía la duración del episodio, el tiempo de inicio o la recurrencia de los mismos.
Una complicación para el depresivo es que muchas veces la enfermedad no está bien diagnosticada, tanto por médicos o terapeutas. El DSM IV y CIE-10 marcan características sintomáticas; otros cuestionarios muestran aspectos emocionales, cognitivos e interpersonales que facilitan una apreciación clara del cuadro y una delimitación más profunda.
A partir de un diagnóstico mas preciso es posible la planificación de la terapia como así también la indicación de psicofármacos.
Afortunadamente en la actualidad se ha comenzado a cambiar la estrategia psicológica y médica para este trastorno, que trae aparejado afortunadamente, la desestigmatización social del paciente depresivo.

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